a cadena ha quedado rota. Y no un lastre cualquiera, sino la que hacía que un padre transmitiera a su hijo un gen que iba a causar que cuando este tuviera 25 o 30 años empezara a sufrir infartos cerebrales. Para ello, médicos del Instituto Quirón y de Sistemas Genómicos, ambos de Bilbao, han llevado a cabo un proceso de fecundación in vitro seguido de un diagnóstico genético que ha permitido descartar los embriones que iban a ser portadores de la mutación nociva.

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